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Alimentación consciente para el cuerpo y el espíritu

En la actualidad, la alimentación poco a poco está recuperando la importancia que hace muchos años atrás poseía, y que por distintas cuestiones relacionadas a la forma de vida que fueron adoptando las sociedades, fue perdiendo, para pasar a ser en la mayoría de las personas, un aspecto sin demasiada importancia en sus vidas, que puede satisfacerse de manera rápida y sin demasiadas complicaciones “gracias” a las opciones modernas hoy ofrecidas e impuestas publicitariamente, sin que tengamos conciencia de la importancia que ella posee en nuestra salud y en nuestra calidad de vida diaria. Esto se ve empeorado en situaciones donde la alimentación ha pasado a ser una carga a resolver de la forma más rápida y económica posible, o una forma de descargarse emocionalmente.

La sociedad actual ha ido estableciendo pautas que degradan poco a poco nuestra calidad de vida: estrés, aceleramiento cotidiano, presiones constantes, falta de tiempo para nosotros mismos (familia, amistades, ocio, desarrollo personal y espiritual, proyectos personales). Esto se puede ver claramente reflejado en la vida de nuestros niños (agendas repletas de actividades, trastornos psicológicos a temprana edad, sufrimiento de enfermedades de gente adulta, dificultades de aprendizaje, etc.) y ancianos (etapa de la vida que actualmente se disfruta mucho menos que en generaciones pasadas y que es acompañada por numerosos problemas de salud).

Esta sección dará una visión cuestionadora del actual paradigma de la salud, que no considera a la persona como una unidad y que atiende a la misma de acuerdo adonde se hagan visibles sus problemas de salud en forma aislada y generalmente, solo reprimiendo los síntomas. Esto lejos está de un enfoque integral en búsqueda de soluciones para los problemas crónicos y degenerativos actuales que sufre la sociedad, cuya causa real y profunda, como iremos viendo, es el ensuciamiento corporal.

Tener una calidad de vida saludable no es solamente la ausencia de enfermedades, sino que se orienta a lograr un estado psico-físico óptimo que nos permita contar con suficiente energía (física y mental),  estar libres de desordenes en nuestra salud (mal llamados enfermedades) y retardar el proceso de envejecimiento. A través de una alimentación saludable (conocer los alimentos adecuados y la forma de utilizarlos), podemos obtener un fármaco potente y confiable, ya que será algo que ingerimos regularmente, todos los días de nuestra existencia.

Todos somos capaces y podemos lograr esta plenitud, donde encontraremos salud, energía, armonía, bienestar y vitalidad.
Para ello, consideraremos un punto de vista integrador de mente, cuerpo y espíritu. El camino hacía una armonía y equilibrio físico e interior, es un trabajo constante, donde nuestros cuerpos energéticos, empezando por el de vibración más lenta y sólida (cuerpo físico) y continuando con los cuerpos emocional y mental (de vibraciones más rápidas), deberán cooperar recíprocamente, ya que todo lo que afecte a uno estará directamente relacionado con el otro.

Si bien una alimentación saludable es muy importante, existe otro factor a tener en cuenta, con el cual se complementan y apoyan mutuamente, que es nuestro desarrollo interior y espiritual, la ampliación de nuestra conciencia, nuestro autoconocimiento y el manejo emocional de las situaciones que vivimos diariamente. Podemos tener una alimentación casi perfecta, pero si nuestro organismo está sometido a un excesivo estrés, presiones, si estamos desestabilizados emocionalmente y nuestra mente está todo el día abrumándonos, seguramente no podremos disfrutar de todos los beneficios que los alimentos que ingerimos nos brindan. Así mismo, si nos encontramos transitando un camino espiritual, intentando expandir nuestra conciencia y buscando paz interior, pero tenemos una alimentación pobre, donde estén presentes alimentos de nulas o bajas vibraciones (refinados, con componentes tóxicos, animales, etc.), que no nos aportan casi nada nutricionalmente y hasta actúan como “ladrones” de aquellos alimentos que si lo hacen, estaremos desaprovechando la posibilidad de profundizar aún más en nuestro desarrollo espiritual como seres de luz que somos. Si bien el tema se tratará luego, está comprobado cómo una alimentación saludable incide en nuestro sistema nervioso y energético: somos más receptivos y sutiles a la energía, nos refinamos y mejoramos como canales de luz, no incorporamos energías densas como puede ser la de un animal que sufrió durante su crecimiento y posterior muerte, obtenemos las vibraciones de la tierra, del sol, del agua y del aire a través de semillas, verduras, frutas y otros alimentos.

Todos somos distintos, por lo que no existe una alimentación puntual a cumplirse de forma estricta (sea veganismo, naturismo, macrobiótica, crudivegana, etc.) que sirva indistintamente para todas las personas. Cualquier postulado o enfoque teórico tomado con fanatismo (sea una alimentación determinada o una rama de la espiritualidad), por lo general no es recomendable. Si bien puede darnos resultados favorables,  no nos permitirá ver las distintas opciones que existen, y seguramente cada una de ellas tendrá aspectos a considerar e incorporar y aspectos a dejar de lado.
Si bien desarrollaremos un enfoque definido (alimentos saludables, su preparación, depuración del organismo, alimentos tóxicos o desancosejados, alimentación y espiritualidad, etc.) orientado a lograr nuestra plenitud, cada uno de nosotros debemos equilibrar nuestras necesidades únicas, que variarán según nuestra la edad, constitución física, rasgos emocionales y carácter de la persona, forma de vida y propósitos vitales. Debemos buscar y encontrar nuestra propia forma de encontrar la armonía interior. Lo mejor será ir ampliando nuestra conciencia, mejorar nuestra intuición, desarrollar nuestra sensibilidad y ver cómo responden nuestros cuerpos y así poder ir adoptando de forma gradual y con inteligencia hábitos saludables para nuestra alimentación e ir abandonando aquellos que percibimos que no lo son, que implican el desequilibrio, la carencia o el exceso (no tan solo referidos a nuestra alimentación, sino también a nuestra parte emocional).

Debemos recuperar nuestra energía, poder manejar el estrés, no resignarnos a la mediocridad. No pensemos que la plenitud es solo para unos pocos elegidos, confiemos en nuestra capacidad de sanarnos, aprendamos a leer y limpiar nuestro organismo, no esperemos soluciones o pastillas mágicas, no deleguemos nuestra calidad de vida a las manos de terceros, derribemos el mito de que todo se debe a genes, virus o estrés, vivamos todas las etapas de nuestra vida con dignidad, y por último, no esperemos un diagnóstico grave para empezar a cambiar nuestros hábitos.

Esta es una buena manera de asumir nuestra responsabilidad, de evolucionar,  de autogestionar nuestra salud, y así podremos elegir lo que deseamos crear en nuestras vidas, elegir los frutos que deseamos recoger en relación a las semillas plantadas.
Este es un trabajo que requiere claridad, propósito, flexibilidad, conciencia y coraje.

Fuente: http://www.caminosalser.com/986-alimentacion-consciente/hacia-una-alimentacion-consciente/

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